Para ser unos auténticos astronautas y poder viajar al espacio necesitamos un buen traje espacial, unas antnas de extraterrestre, una nave, un cuadro de mandos, planetas y un cielo estrellado. Pues bien, lo hemos conseguido. Así nos ha quedado nuestro rincón de los astronautas. Nuestros pequeños astronautas estaban jugando en ese momento a despegar la nave.
Necesitábamos un cielo lleno de estrellas. Por eso, pintamos con témpera dorada y plateada estas estrellas y las recortamos cuando se secaron para luego pegarlas en nuestro cielo.
EL cuadro de mandos nos lo ha hecho nuestra maestra en casa, aunque ha tenido algo de ayuda. Nos ha encantado poder llamar a Houston o a la tripulación de la nave, girar el volante, darle a la palanca para despegar la nave... Y si hubiera alguna emergencia, tenemos el botón- alarma. Lo hemos pasado realmente bien jugando con el cuadro de mandos. Ha sido genial. La profe lo guardará para usarlo en otra ocasión.
Por supuesto, nuestra súper nave espacial que Susana ha hecho con tanto amor. Es genial: nos podemos meter dentro, asomarnos por la ventana, tocar los botones que hay en el interior... ¡Nos encanta nuestro rincón del espacio!
La nave está llegando a su destino. Para ver cómo termina esta aventura espacial, haz clic en la siguiente imagen.

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Necesitábamos un cielo lleno de estrellas. Por eso, pintamos con témpera dorada y plateada estas estrellas y las recortamos cuando se secaron para luego pegarlas en nuestro cielo.
EL cuadro de mandos nos lo ha hecho nuestra maestra en casa, aunque ha tenido algo de ayuda. Nos ha encantado poder llamar a Houston o a la tripulación de la nave, girar el volante, darle a la palanca para despegar la nave... Y si hubiera alguna emergencia, tenemos el botón- alarma. Lo hemos pasado realmente bien jugando con el cuadro de mandos. Ha sido genial. La profe lo guardará para usarlo en otra ocasión.
Por supuesto, nuestra súper nave espacial que Susana ha hecho con tanto amor. Es genial: nos podemos meter dentro, asomarnos por la ventana, tocar los botones que hay en el interior... ¡Nos encanta nuestro rincón del espacio!
Como ya he comentado en entradas anteriores, en las aulas, lo normal es tener un rincón de la casita para el juego simbólico (de roles). Nosotros hemos tenido ese rincón en nuestra clase y los niños lo han pasado muy bien en él y ha sido muy educativo. Pero vamos a plantearnos la siguiente cuestión... ¿el juego simbólico es solo "jugar a las casitas"?
A muchos niños y niñas les encanta jugar ahí: juegan a cocinar, comer, limpiar, cuidar a los bebés... A otros no. Imagina que día tras día durante tres años tienes que jugar a las casitas "porque es bueno para desarrollar la función simbólica". Es cierto, es bueno para eso y para muchas cosas más. Pero se puede variar, es más, pienso que se debe cambiar de vez en cuando. Rincones como el de los astronautas, el supermercado, el castillo, el barco pirata... cumplen la misma función, ¿por qué no hacerlo?
Ha sido muy divertido y gratificante haber hecho esto con ellos. Verlos jugar ha sido muy bonito. Voy a compartir una situación normal y espontánea de juego que vi y escuché sin que se dieran cuenta. Había dos niñas en el cuadro de mandos que llaman por teléfono a los dos astronautas de la nave y le preguntan:"¿listos para el despegue?" Tras la confirmación de los astronautas, ellas tocan los botones y hacen la cuenta atrás de 10 a 0. Luego bajan la palanca, giran el volante, dan indicaciones espaciales a los tripulantes: "a la izquierda", "a la derecha que hay un meteorito que se dirige a la nave". A continuación los astronautas llaman a la central para indicar que han superado el obstáculo. Las niñas siguen dando a todos los botones, girando ruedas... Cuando llegaron a su destino, salieron de la nave caminando como astronautas con menos gravedad (me reí muchísimo al verlos). Allí se encontraron a una niña con antenas de extraterrestre y como estaba solita, decidieron hacerse amigos de ella y llevarla a la Tierra. ¿No es genial?
Pocas cosas hay tan bonitas como verlos así. Ellos solos desarrollando la imaginación, fomentando las relaciones sociales, la empatía, contando hacia atrás, orientándose a izquierda y a derecha, desarrollando la trabajando en equipo y todo pasándolo genial y sin darse cuenta que estaban aprendiendo unos de otros.
Me ha encantado hacer esto con ellos, pero detrás hay mucho trabajo que no se ve. Por eso toca agradecer a varias personas: a mi madre por ayudarme en su momento a hacer la nave con una caja de nevera, tela metalizada, mucha silicona y alguna que otra quemadura. No fue fácil, pero quedó muy chula, sobre todo porque pueden entrar y jugar en ella. ¡Gracias! A mi chico por ayudarme con el cuadro de mandos, sola no hubiese sabido con tanta arandela y tornillos sin fin. Nos llevó muchas tardes darle forma con varias cajas, lo forramos cuatro veces, pintamos varias veces, nos aseguramos que las ranuras coincidieran con la palanca y que el tornillo llegara hasta el final, que el volante girase... Gracias por eso y por todo lo que me ayudas por las tardes: recortar, plastificar, asesorar, consolar tras un mal día... Y como siempre mi amiga Bea, gran maestra y mejor persona que me ha ayudado a pegar muy bien el cielo, a montar la nave y a muchísimas cosas más que no se ven de fuera, pero siempre está ahí para todo y para ayudarnos a todos. ¡Qué suerte tenemos con Bea! ¡Gracias!

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