El monstruo de colores: trabajamos la educación emocional

     Tras haber visto y trabajado estos años con los peques varios libros de educación emocional, sin duda me quedo con “El monstruo de colores”, un libro estupendo para los niños y niñas de infantil que les ayuda a identificar sus emociones de una forma muy visual. ¡Al fin lo tengo!
    Pues bien, este curso voy a trabajar este libro con mis pequeños duendecillos y llevaremos a cabo un pequeño proyecto anual de educación emocional en el que trabajaremos a diario. Debo agradecer a mi gran compañera Bea que es muchísimo más que “la maestra de Religión” y que quiere tanto a estos niños que sin ella no hubiera sido posible llevar esto a cabo. ¡Mil gracias!
     De momento les vamos a poner unas imágenes de lo que hemos hecho hasta ahora.  Y como toda historia tiene un comienzo.

    Hace unos días, llegó esta sorpresa a clase.


   La maestra nos lo leyó y nos gustó mucho ver al monstruo hecho un lío y luego de cada color.
Posteriormente dialogamos sobre las diferentes emociones que aparecen en el cuento y sobre cómo nos sentimos cuando estamos tristes, alegres, enfadados…


A los pocos días, montamos un emociómetro del monstruo de los colores. En él, nosotros debemos poner nuestro nombre, según nos sintamos. Seguro que surgen emociones nuevas o sentimientos que distinguiremos de las emociones.



     Pronto explicaremos cómo funciona nuestro rincón de las emociones.


     Otra actividad que nos gustó muchísimo, fue cuando nos liamos como el monstruo. Con lanas de colores, nos enredamos todos. Luego nos teníamos que desenredar. Fue difícil, pero todos ayudamos un poquito. Finalmente debíamos guardar cada emoción en su frasco (que teníamos que leer). Hicimos lo mismo con el monstruo. Todos los días queremos repetirlo.









     Este juego nos encanta: la maestra escribe una palabra en la pizarra mágica y nosotros tenemos que leerlo y poner la cara de esa emoción, ¡a ver quién lo expresa mejor! También lo hemos hecho en Inglés, pues Susana nos contó el cuento en este idioma y pusimos caras según indicaba el cuento (así repasamos los colores).

      A lo largo del curso aprovecharemos el cuento para hacer teatro, actividades en las que emplearemos diferentes plásticas, juegos de expresión corporal de las emociones, asambleas en las que expongamos todos (incluso la maestra) algún motivo que nos ha hecho sentirnos de una manera o de otra y cómo nos hemos sentido, actividades dirigidas a afrontar las emociones que no nos hacen sentir bien (luego explicaré por qué no las llamo emociones negativas).
También haremos algunas fichas del cuento El monstruo de colores. Aprovechando un marco que vi en Pinterest, he elaborado estas fichas del cuento que haremos durante el curso con témperas, pegando papeles, lanas, gomets…

 
 Hemos comenzado a hacer algunas que nos han quedado muy bonitas. Esta en concreto fue muy divertida porque teníamos que hacer un lío al monstruo.




    Yo no sé si hago bien o no, pero no digo a mis alumnos que las emociones son buenas o malas. Les hago saber que las emociones denominadas “negativas” como el miedo o la tristeza no son buenas ni malas, aunque sí les digo que cuando las tenemos nos sentimos mal. Pero no lo enfoco como negativo porque están ahí y son parte de la vida. Los seres humanos tendemos a ocultarlas y a aparentar estar bien siempre, pero no quiero que ellos hagan lo mismo. No me gustaría educar niños que se encierren en una burbuja o se bloqueen ante las adversidades porque encima piensan que lo que están sintiendo no está bien. Considero que la educación emocional se basa en eso: aprender a identificar las emociones, asumirlas y buscar herramientas que nos ayuden a superar o solucionar las situaciones que nos hacen sentir mal. Cuando un alumno de mi clase se enfada porque otro le ha pegado o porque le rompen un juguete, está en su derecho, es legítimo hacerlo, siempre y cuando no emplee una respuesta violenta o inapropiada. No le digo: “no te enfades” o “no llores”, porque entonces pienso que en el futuro reprimirá esa emoción y eso le puede bloquear o hacer infeliz. Quiero dejar claro que no me refiero a los niños que lloran por casi todo ni a los que se lamentan continuamente, a estos peques se les guía de otra manera para que no vean todo tan negativo.

     Por otro lado, pienso que los maestros debemos participar con los niños en los diálogos sobre cómo nos sentimos. Los alumnos deben ver que no somos seres inalterables, porque ellos tienden a imitarnos. Nosotros sentimos alegría, tristeza, miedo, enfado igual que ellos  y es bueno que compartamos algunas experiencias nuestras con ellos.
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